jueves 3 de diciembre de 2009

LOS COMPLEMENTOS

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.........Hoy me he puesto unos calcetines de algodón en tonos verdosos, a franjas horizontales; y unos zapatos de traza ancha, de piel sintética, marrones, cerrados, muy cómodos, con un poquitín de tacón, para que el pie no se acostumbre al camino llano. Tengo los pies deformados de tanto usarlos. Pero no me quita el sueño este asunto.
.........Llevo las uñas, todas las uñas, pintadas de un granate sin luz; y un pantalón de felpa ajustado que marca claramente la silueta de mi cuerpo. Pero sin exageraciones, que eso no gusta a nadie. Una camisa con flores violáceas flota en un mar color pan tostado; y encina un chaleco de lana sin mangas, a pico, con rayas verticales en marrones y caoba. Voy bien, muy sencilla. Esto tampoco me quita el sueño.
.........Resalto los labios con un color rosado, bajo unas gafas de sol que me cubren gran parte de la cara. El frío lo ahuyento con un abrigo de plumas en rojo pasión. El pelo, ¡ah, el pelo!: cuello de cisne, con una media permanente que ya quisieran algunas. El bolso, de mediana estatura, cuelga del hombro derecho, en tonos leche manchada. Nada de otro mundo; normal, todo con esa sencillez de la gente de la calle. Tampoco esto me quita el sueño.
.........Y, sin embargo, el insomnio está presente en mi cara. Por eso las gafas. Esta noche apenas he dormido dos horas. Y ya os digo, nada de esto me quita el sueño.

domingo 16 de agosto de 2009

EGIPTO COMO TELÓN DE FONDO

domingo 21 de junio de 2009

ALEJANDRÍA COMO TELÓN DE FONDO

.....Mi tía Alejandra fue maestra nacional, mujer de firmes convicciones y de creencias arraigadas. De chicos, cuando el verano levantaba tormenta, nos subía a la cama, para que nuestros pies no tocaran el suelo, y nos hacía rezar a gritos, como para espantar al trueno y al rayo; para desvanecer en nuestros oídos el golpeteo salvaje de la lluvia sobre la tierra seca. No distinguía más que dos colores, el blanco y el negro; y no era daltónica precisamente. Vivió, sí, en ese tiempo en el que las películas eran también en tonos de grises, y todo estaba muy claro.
.....Mi tía Alejandra, como a todos los de mi familia, le gustaba mucho viajar. Fue ella quien me llevó a Egipto, en febrero, siendo yo muy chica todavía. En ese viaje conocí a Pepita, una vallisoletana saladísima, muy cariñosa, con la que, después de tantos años, todavía mantengo una estrecha amistad. Mi primer viaje fuera de España es hoy un recuerdo teñido de calor, salpicado aquí y allá por la presencia cierta de otros humanos, de otras gentes que creyeron en otros dioses y levantaron la belleza piramidal en medio de la arena. Aquello era un mundo remoto y maravilloso, un cuento de hadas con la biblioteca de Alejandría como telón de fondo. Nunca he podido imaginar una casa tan grande, toda llena anaqueles repletos de papiros, ni tanto saber junto en un mismo sitio.
.....Luego, a la vuelta, en junio, hice las pruebas de acceso a la universidad. Había un único tema: Alejandro Magno. Yo les conté mi experiencia de aquel viaje, la emoción de haber pisado la tierra de los faraones y todo lo que el guía nos había explicado.
.....Me aprobaron.

miércoles 25 de marzo de 2009

HISTORIA DE MI NOMBRE (4)

.....Aquellos tiempos no fueron fáciles para nadie. Mi padre trabajaba en el campo, pero no era suficiente. No lo era porque mi madre siempre fue una mujer muy adelantada para su tiempo. Ella quería que sus hijos estudiaran. Maestro; a ella le gustaba esa profesión. No se conformaba con darles unas tierras para la labor. Así que lo habló con mi padre y se decidió que ella fuera a la casa de su hermano, a Toledo, durante el curso escolar, que se abriría allí una posada. Así daban estudios a los niños y abrían una puerta de ayuda económica. Dicho y hecho. Mi infancia es eso, la casa de Toledo, mis hermanos, mis ochos hermanos, los estudiantes en el comedor, y el juez de paz siempre con un libro abierto sobre la mesa. Mucha gente que entra y sale. Vivir hacia fuera, con los otros. No me gusta la soledad.
.....Pero a lo que iba. Estábamos a la mesa camilla. Yo andaba sobre los doce años. Era a primeros de Diciembre. La luz entraba por la ventana disimuladamente, desde el callejón. Mi madre nos contaba la Historia Sagrada. En concreto, la llegada a Belén de José y María; y todo aquello de que nadie quería hospedarles. Yo estaba muy emocionada con la venida del niño Dios y muy triste por la impiedad de los hombres. Mi madre siempre decía que en donde comían dos comían tres; y suelo para dormir, en la casa, todavía había mucho.
.....- Madre, si el Niño Jesús hubiera venido a Toledo, nosotros le hubiéramos dado posada, ¿verdad?
.....Recuerdo la escena de aquella tarde porque mi madre me miró de una manera que no he olvidado nunca. No sé, sentí como un respingo por todo mi cuerpo cuando ella dijo:
.....- Claro, “Eleni”, claro.
.....Y luego la caricia, y el beso en la frente.

martes 30 de diciembre de 2008

HISTORIA DE MI NOMBRE (3)

.........Pues estaba en el bachillerato, y nos mandaron hacer una redacción. Me pusieron un notable, entonces. Yo conté lo de aquella noche de Reyes Magos. Era ya tarde, cerca de las doce, y mi padre decía que nos teníamos que meter en la cama enseguida porque los reyes estaban apunto de llegar; y claro, si los veíamos, si estábamos despiertos, pues que no nos dejaban ningún regalo. Aquella noche me acosté pensando en esto, nerviosita. Oye, y al rato me pareció oír las herraduras de los caballos sobre el empedrado de la calle. “Ya están ahí. Ya están aquí. ¿Qué me traerán este año?”, pensé. Y al rato me quedé dormida. Al día siguiente, en la ventana que da a la plaza, en la ventana de la habitación de mis padres, habían dejado para mí una cestita muy bonita, de ganchillo, blanca, con una cintita rosa y unos caramelos. Cuando la vi dije: “¡Huy, qué bonita, como la que hay en el aparador!”. Y me fui derecha a compararlas, porque yo recordaba haber visto una igualita, igualita, allí. Pero la del aparador ya no estaba. “Bueno, se la habrán llevado a otro lado”, pensé.
..........Cosas de niños. Yo tenía entonces doce años.

domingo 12 de octubre de 2008

HISTORIA DE MI NOMBRE (2)

Yo no suelo llorar, soy Leo.
Lloré una vez porque supe
que mi cabeza no daba para más.
Lloré otra vez al ver una talla
de Cristo chorreando sangre.
Y lloro cuando hago daño
a las personas que quiero.
Yo no suelo llorar.
Soy Leo.

lunes 14 de julio de 2008

HISTORIA DE MI NOMBRE (1)




..........Todas las paredes de mi pueblo están pintadas de amarillo, de un amarillo limón brillante. Las tablas con las que se levantan las lindes de las huertas también. Incluso las paredes de la vieja ermita, a las afueras del pueblo, son de este color. Por la tarde me asomo a la ventana y me distraigo con el baile de los colores: el amarillo de las paredes, el rosa del aire, el verde de los campos, el azul del cielo, el rojo de los tejados. Me sonrío porque la cresta, el cuello de los gallos, y gran parte del plumaje, hacen juego con los tejados; y las patas, con las paredes.
..........Cuando llueve, no me siento en el porche a leer. Cuando llueve está todo más gris, y el corazón se me adormece al ritmo del agua. Cuando llueve la luz se parece un poco al mundo del otro lado de la frontera que dicen los libros que existe, a ese mundo en el que las paredes son de piedra y barro, y las gentes discuten por nada, por un trozo de pan; que mira tú si no habrá pan para todos en la tierra. Pero la lluvia es buena. La lluvia es buena porque limpia el color de las paredes, y el de los tejados, y el de los prados; y luego todo está como nuevo. Y luego da mucho más gusto mirar el amarillo limón del mundo.
..........Todas las tardes leo uno de los libros interminables, uno de esos tres libros mágicos que hicieron los antiguos y que luego se dejaron olvidados en los sótanos de mi casa. Ya se sabe que las prisas no son buenas, y más cuando uno se trae entre manos cosas importantes que incumben a todos. Me admiran las historias de esos hombres inagotables que levantaban edificios altos, con grandes torres acabadas en pararrayos, con muchas vidrieras. Esos edificios que parecían naves a punto de partir, con sus grandes capiteles, con sus enormes órganos y su música sacra, con su gente menuda dentro, rezando; esos edificios imposibles, con esas paredes al natural, sin pintar de amarillo, inacabadas.
..........Alguna tarde, tras leer estas historias en los libros interminables, me pongo triste. No comprendo un mundo en el que todo está por hacer, en el que todo está sin acabar, en el que las paredes no estén pintadas de ese amarillo limón brillante que tanto me gusta. En estas tardes de tristeza comprendo, de pronto, por qué en mi pueblo no hay catedrales.